Durante mucho tiempo circuló una idea cómoda: “los virus son cosa de computadoras”. Que los teléfonos y las tabletas eran dispositivos cerrados, seguros por naturaleza, casi inmunes. Ese mito ya quedó atrás.
Hoy, el smartphone es la oficina portátil del directivo, del gerente y del dueño de empresa. Desde ahí se aprueban pagos, se responden correos sensibles, se accede a sistemas internos y se guardan documentos clave del negocio. Y justo por eso, se ha convertido en uno de los objetivos favoritos de los ciberdelincuentes.
No es alarmismo. Es simplemente entender cómo cambió la forma de trabajar… y cómo cambiaron los riesgos.
El malware móvil existe (y ya no es raro)
Aunque el volumen de ataques sigue siendo mayor en computadoras, el malware diseñado específicamente para teléfonos y tabletas crece año con año. No hablamos solo de “virus” en el sentido clásico, sino de un ecosistema completo de amenazas que operan de forma silenciosa. Aplicaciones que parecen legítimas pero espían la actividad, enlaces que roban credenciales, mensajes que suplantan bancos o paqueterías, y software que se instala sin levantar sospechas. Todo eso ya forma parte del día a día digital. El problema es que, en móviles, el daño suele pasar desapercibido más tiempo. El teléfono sigue funcionando, la batería dura un poco menos, aparecen anuncios raros… y mientras tanto, la información ya salió.
¿Por dónde se cuelan los ataques?
La mayoría de incidentes móviles no ocurren por fallas técnicas complejas, sino por hábitos cotidianos. Un enlace recibido por WhatsApp, una app instalada “solo para probar”, una red Wi-Fi abierta en un aeropuerto o cafetería. También está el phishing móvil, mucho más efectivo que el tradicional. En una pantalla pequeña, los detalles se pierden. Un mensaje falso del banco o de una plataforma de pagos puede verse perfectamente legítimo… hasta que ya es tarde.
Y sí, también existe ransomware móvil. Menos común, pero real. Teléfonos bloqueados, información cifrada y extorsiones directas al usuario.
El riesgo real para las empresas
Aquí es donde el tema deja de ser personal y se vuelve empresarial.
Cuando un directivo usa su celular para revisar correos corporativos, acceder a archivos internos o autorizar movimientos, ese dispositivo se vuelve parte de la superficie de ataque de la empresa. No importa si el servidor está bien protegido si el acceso entra por un teléfono comprometido. Muchas fugas de información no empiezan en el data center, sino en el bolsillo.
Seguridad móvil: menos apps milagro, más criterio
Proteger teléfonos y tabletas no va de instalar cualquier antivirus y olvidarse del tema. Va de orden, criterio y estrategia. Mantener sistemas actualizados, descargar aplicaciones solo desde tiendas oficiales, revisar permisos con sentido común y desconfiar de mensajes urgentes o demasiado buenos para ser verdad sigue siendo la base. El bloqueo de pantalla y las copias de seguridad ya no son opcionales.
En entornos empresariales, además, entra en juego algo clave: control y visibilidad. Saber qué dispositivos acceden al correo, desde dónde, bajo qué condiciones y con qué nivel de protección.
Ahí es donde muchas empresas descubren que no tenían una política clara… hasta que ocurre un incidente.
¿Y si ya sospechas que algo anda mal?
Cuando un teléfono se comporta raro, lo peor es ignorarlo. La respuesta rápida marca la diferencia. Cortar conexiones, cambiar contraseñas desde un dispositivo seguro, revisar accesos y, si es necesario, respaldar y restaurar el equipo puede evitar que el problema escale. Pero, sobre todo, sirve como señal de alerta: si pasó una vez, puede volver a pasar.
La seguridad no es un evento aislado. Es un proceso continuo.
Para profundizar sobre casos de ramsonware en PCs y laptops recomendamos leer: Me cayó un ransomware: qué hacer ahora para recuperar tu empresa sin pagar rescate
PERO Más allá del mito: proteger la información, no solo el dispositivo
El error más común es pensar en “virus de celular” como un problema técnico menor. En realidad, el verdadero activo en riesgo no es el teléfono, es la información que contiene y a la que da acceso. Correos, contratos, datos de clientes, credenciales internas. Todo eso vive —al menos parcialmente— en dispositivos móviles.
Por eso, las empresas que ya están dando el siguiente paso no solo protegen equipos, sino definen una estrategia integral de seguridad, donde correo, accesos, respaldo y control trabajan juntos.
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